Málaga, más rica que su litoral o su transitada calle Larios, ofrece un interior que derrocha belleza por los cuatro costados. Y no hay que irse necesariamente a la Sierra de las Nieves, a la Serranía de Ronda o al Torcal de Antequera. A tan solo cinco kilómetros al norte de la ciudad se esconde el Parque Natural de los Montes de Málaga, un pulmón verde que los locales custodian como su mayor tesoro.
Se trata de un paraíso forestal poblado de pinos carrascos, encinas, algarrobos, quejigos o almendros. El refugio perfecto para los amantes del senderismo, el ciclismo de montaña y, por supuesto, la buena mesa.
El Guadalmedina atraviesa esta cadena montañosa con fuertes pendientes y el fluir del río y que comprende nada menos que 5.000 hectáreas.
Senderos entre pinos y miradores con vistas
Adentrarse en los Montes es desconectar del mundo. El parque cuenta con una red de senderos accesibles para todos los niveles.
El itinerario de Umbría de Contadoras o el sendero de Pocopan son paradas obligatorias; este último culmina en un mirador que ofrece una de las panorámicas más espectaculares de la Axarquía y el mar.
Otro de los senderos más populares es el Picapedreros-Boticario, que transita por el salto de agua del mismo nombre así como las ruinas de uno de los lagares que todavía se conservan en el bosque.
Otrora servían para elaborar vinos y hoy permanecen como huella histórica rodeada de vergel.
Entre la densa vegetación, si guardas un poco de silencio, es fácil escuchar algunos de los ejemplares más numerosos en este entorno. A saber: el jabalí, el tejón, la garduña, la comadreja, águilas y lechuzas, el camaleón o la lagartija colilarga.
El Plato de los Montes: sabor tradicional
No se puede hablar de este parque natural sin mencionar su gastronomía. Tras una jornada de caminata, la tradición manda hacer una parada en sus famosos “ventorrillos”, las afamadas ventas de carretera.
Allí se sirve el legendario Plato de los Montes. Un manjar contundente y tradicional que combina lomo en manteca, chorizo, huevo frito, pimientos fritos y patatas a lo pobre.
Una auténtica bomba de sabor que sabe a gloria y que representa la cocina malagueña más auténtica y rural.